
Harinas refinadas, grasas y azúcares. O, traducido a comida elaborada: facturas, chocolates, guisos y pastas con salsa. Es invierno y el cuerpo lo sabe. Abandona las verduras, y frutas frescas y proteínas magras y empieza a pedir comidas hipercalóricas, raciones bastante más abundantes y modos de cocción enemistados con la salud como las frituras.
«Necesito calentarme», «el cuerpo me lo pide», «hace frío y puedo permitírmelo» o el remanido «en invierno el gasto calórico es más grande» son algunas de las frases en las que se ampara el común de los mortales para justificar semejante banquete invernal. Pero ¿cuánto hay de mito y cuánto de realidad detrás de esta conducta alimenticia? ¿Es cierto que en los meses más fríos necesitamos calorías extra? ¿O, simplemente es una de las tantas ideas que subsisten de nuestros parientes prehistóricos que todavía nos resistimos a soltar?
«Necesito calentarme», «el cuerpo me lo pide», «hace frío y puedo permitírmelo» o el remanido «en invierno el gasto calórico es más grande» son algunas de las frases en las que se ampara el común de los mortales para justificar semejante banquete invernal. Pero ¿cuánto hay de mito y cuánto de realidad detrás de esta conducta alimenticia? ¿Es cierto que en los meses más fríos necesitamos calorías extra? ¿O, simplemente es una de las tantas ideas que subsisten de nuestros parientes prehistóricos que todavía nos resistimos a soltar?
Sucede que en invierno la tendencia es a guardarse en casa y a disminuir muchas veces la actividad física al aire libre como caminar, andar en bicicleta o correr. ¿El resultado? Kilos de más. «En invierno se suma el sedentarismo por el clima; la gente está más en la casa, de hecho venimos de estar hace poco diez días seguidos con lluvia y la tendencia entonces es a encerarse. Y que pasemos más tiempo adentro dispara pensamientos del tipo ‘qué ganas de comer algo rico’. Y ese algo rico son facturas, torta fritas… Entonces comemos de más y mal porque elegimos alimentos hipercalóricos y encima no se gasta lo que se consumió. Y se produce grasa. En invierno se engorda hasta 5 kilos porque se come más y peor» sentencia especialistas en salud.
Si a esto le sumamos las bebidas con alta graduación alcohólica que suelen hacer gala de su capacidad de aportar calor como whisky y otros destilados, entonces se puede terminar consumiendo más del doble de calorías que necesitamos para la época…
Franco Cerutti, especialista en sistemas de 31 años, reconoce que en invierno suele comer comidas «más pesadas», que sumen calor al cuerpo. «En verano como liviano, pero el invierno se me abre el apetito, estoy más dispuesto a comer guisos, polenta, cosas que aporten calor. No me dan ganas de comer una fruta o una ensalada. Inevitablemente en invierno sumo algunos kilos porque entre el frío y la lluvia no te movés tanto. Lo que sí mantengo es el fútbol con los compañeros de oficina. Aunque haga frío, se juega».


