Sarmiento cayó ante Lanús y en medio de una noche difícil, hubo algo que quedó grabado para siempre.

Israel “Coco” Roldán tuvo mil opciones para festejar su gol:
con sus compañeros, mirando al banco, señalando el escudo.
Pero eligió otra cosa, Eligió a la hinchada.
Ahí donde estaban los que dejaron todo.
Los que viajaron más de 1000 kilómetros.
Los que gastaron tiempo, plata, voz y corazón solo por amor a estos colores y Coco fue hacia ellos. Como se va hacia casa.
No fue un festejo.
Fue un agradecimiento.
Un agradecimiento a ese hincha ilusionado,
al que se subió a un micro sin saber cómo volvía,
al que cantó con el alma y el corazón lleno,
al que creyó incluso cuando el rival era grande y la noche se hacía cuesta arriba.
Un gracias silencioso a los que están siempre.
A los que no negocian el amor por estos colores.
A los que entienden que Sarmiento no es solo un club,
es una forma de sentir.
Marcarle un gol al campeón sudamericano y correr a abrazar a la gente es decirlo todo sin hablar.
Es pertenencia.
Es identidad.
Es amor.
Porque cuando el fútbol se vuelve verdad,
el resultado es lo de menos. 💙🤍


