¿Puede un equipo cambiar de vida en sólo 45 minutos? ¿Puede pasar de su versión más oscura del año a construir una resurrección deportiva tan impensada como justa, tan contundente como merecida? ¿Puede un equipo arrancar 0-2 con pronóstico de papelón, de goleada catastrófica, con errores individuales y colectivos de todo tipo, a pasar a golear 4 a 2 con actuaciones sublimes de sus goleadores, desde el más inesperado (Equi Fernández) hasta el más previsible (Merentiel)? Puede. Con ustedes, el Boca de Martínez, versión Liga…
En efecto, Boca dio vuelta uno de esos partidos made in fútbol, dinámica de lo impensado. Por cómo empezó, por cómo terminó. Y sobre todo, por cómo lo atravesó. En el primer tiempo, fue la imagen del desconcierto. Por momentos, pareció destruir todo lo que en algún momento parecía haber edificado, a partir de una idea, de una búsqueda, de un orden. Los goles de Central Córdoba, en los que pagaron sus jugadores más experimentados (Chiquito Romero dando ventaja en ambos) y también los más novatos (el debutante Mendia y Di Lollo), atentaron contra todo lo que estaba de pie. Era un equipo fuera de control.
Incluso, desde las decisiones de su DT, que ante la lesión de Advíncula metió variantes que potenciaron el desconcierto. Saracchi (quien ingresó por el peruano) fue de volante por izquierda, Di Lollo de 4, Pol Fernández de 2 (sí, de 2), Zenón a la derecha
