Treinta y dos años después apareció en un documental ruso afirmando que estaba dispuesto a luchar y, si fuera necesario, morir por Vladimir Putin.
Entre esas dos imágenes cabe una de las transformaciones más extrañas de una estrella del cine estadounidense.
Seagal había llegado a Hollywood por un camino poco habitual.
Durante su juventud vivió varios años en Japón, estudió aikido y terminó enseñándolo. Después regresó a Estados Unidos y abrió una escuela de artes marciales en California.
Su aspecto y su forma de pelear llamaron la atención de gente poderosa de la industria.
En 1988 ocurrió algo extraordinario para alguien sin una carrera interpretativa convencional.
Warner Bros. lo lanzó directamente como protagonista de Above the Law.
La película funcionó.
Después llegaron Hard to Kill, Marked for Death y Out for Justice.
Pero su punto máximo apareció en 1992.
Under Siege recaudó más de 156 millones de dólares en todo el mundo y convirtió a Seagal en uno de los rostros del cine de acción de aquella década.
Durante algunos años compartió espacio comercial con figuras como Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone y Jean-Claude Van Damme.
También cultivó alrededor de sí una biografía casi tan llamativa como sus películas.
Sean Connery contó años después que, mientras Seagal lo entrenaba en artes marciales para Never Say Never Again, terminó con una muñeca fracturada.
La anécdota se volvió parte de la leyenda del actor.
Pero Hollywood cambió.
Sus grandes estrenos fueron disminuyendo y buena parte de su producción terminó desplazándose hacia películas de menor presupuesto y lanzamientos directos al mercado doméstico.
Al mismo tiempo, otra relación comenzaba a ocupar cada vez más espacio en su vida pública.
Rusia.
Seagal visitó el país repetidamente y expresó admiración por Vladimir Putin.
En 2016, Putin le concedió personalmente la ciudadanía rusa y le entregó el pasaporte durante una ceremonia en el Kremlin.
Dos años después, el Ministerio de Exteriores ruso lo nombró representante especial para las relaciones humanitarias entre Rusia y Estados Unidos, un cargo no remunerado destinado oficialmente a fomentar intercambios culturales y sociales.
Su cercanía con el Kremlin dejó de ser únicamente ceremonial.
Seagal apoyó públicamente posiciones del gobierno ruso y, después de la invasión a gran escala de Ucrania iniciada en febrero de 2022, mantuvo su respaldo a Putin.
En 2023 recibió la Orden de la Amistad de Rusia por su contribución a la cooperación cultural y humanitaria internacional.
En octubre de 2024 apareció un nuevo capítulo.
La televisión estatal rusa difundió In the Name of Justice, un documental dirigido y presentado por el propio Seagal, grabado en zonas de Donetsk y Lugansk bajo control ruso.
Allí contó que, después del comienzo de la guerra, había escrito a Putin para expresarle su disposición a combatir por Rusia.
Y formuló una declaración que difícilmente habría encajado con la imagen que el público estadounidense tenía de él treinta años antes:
estaba preparado para luchar por “su presidente” y morir si era necesario.
El contraste resulta suficiente sin exagerarlo.
Steven Seagal no pasó de estrella de Hollywood a fugitivo incapaz de regresar a Estados Unidos.
La historia real es más extraña.
Un estadounidense que construyó su fama interpretando héroes de acción terminó convertido en ciudadano ruso, representante oficial del Ministerio de Exteriores y defensor público de un gobierno enfrentado al país donde nació.
En 1992, millones de espectadores pagaban una entrada para verlo defender un barco estadounidense en Under Siege.
En 2024, la televisión estatal rusa lo mostraba declarando que estaba dispuesto a morir por Vladimir Putin.


