Las manifestaciones públicas del presidente Javier Milei y de su ministro de Economía, Luis Caputo, no logran despejar la incertidumbre y en no pocos casos añaden nuevas incongruencias, a la vez que se exponen debilidades como la admitida para el frente externo en el Informe de Avance sobre la elaboración del Proyecto de Ley de Presupuesto 2026. El documento enviado al Congreso Nacional contiene las previsiones para 2025, año que se cursa sin Presupuesto por decisión del oficialismo.
Según se prevé, las exportaciones aumentarían 3,8%, mientras que las importaciones saltarán un 19,6%. Lo cual indica un achicamiento del saldo, que para el Gobierno sería de US$4.913 millones en el corriente año. Muy lejos de los US$16.901 millones de 2024, un síntoma del deterioro de las cuentas externas.
El tipo de cambio, por su parte, se ubicaría a fin de año en $1.229 (menos que el de este último viernes), con una suba anual del 20,4%, es decir, por debajo de la inflación. La reducción esperada de la competitividad indica que se seguirán afectando la producción y el empleo locales.
La realidad es que unos días antes se había publicado un informe de J. P. Morgan, titulado: «Tomándose un respiro», donde se destacan los desbalances externos que tiene la economía argentina en el marco de las políticas actuales. Fue un consejo para sus clientes: deshacer maniobras con la bicicleta financiera («carry trade»), es decir, vender Lecaps y pasarse a dólares.
La inflación proyectada punta a punta del IPC (diciembre de cada año), se augura, sería del 22,7%, para lo cual debería rondar en torno de 1,0% mensual en el segundo semestre, un valor que se presenta difícil de alcanzar.
En cuanto al PIB, para 2025 el Gobierno prevé un aumento del 5,5%, basado principalmente en la evolución del consumo privado del 7,2%. Resulta difícil entender una recuperación del consumo cuando el salario real registrado hasta abril, último dato disponible, venía cayendo y el desempleo crecía en el primer trimestre.
Para 2026, en tanto, no hay proyecciones sobre tipo de cambio y precios, aunque se promete mantener el ajuste del gasto, «racionalizar» el Estado y «continuar en la senda del equilibrio fiscal, con el objetivo de corregir de forma definitiva los desajustes estructurales y consolidar un entorno de estabilidad macroeconómica».


