Ambar Coperchio, es una de las tantas mujeres víctimas de la violencia de género. La jóven tuvo que esconderse en un pueblo para que su pareja golpeador no la encuentre y la mate.
«Quiero justicia no sólo por mí sino por el hijo que perdí por él”, es el ruego de Ámbar, quien luego de padecer sucesivas golpizas de quien era su pareja, continúa siendo blanco de amenazas y persecuciones tras la separación.
En consecuencia, producto de la angustia y del desamparo de su ex pareja, la mujer sufrió la interrupción de un embarazo. Por todo eso, decidió abandonar su vivienda en Rosario y esconderse en un pueblo hasta que sea escuchada por las autoridades.
“La primera situación agresiva se desencadenó cuando quiso ahorcar a mi hijo de seis años porque el nene le había apagado el monitor de la computadora”, reveló Ámbar.
Sin embargo, como habitualmente se comportan los violentos, el sujeto, de 37 años, prometió dejar atrás los maltratos. “Había épocas en las que estaba bien y otras que no. Los primeros ataques hacia mí fueron psicológicos, amenazándome, me decía: ‘Tenés que hacer lo que yo te ordene’. No tenía libertad”, recordó.
Finalmente padeció golpizas en dos ocasiones y con la ayuda de tres vecinos logró alejarlo de su vivienda.“Adonde voy me persigue, hoy (por ayer) tocó el timbre de mi casa a las 6 y escapó. Su sola presencia es amenazadora”, expresó Coperchio.
Por lo tanto, mientras dialogaba con Crónica, aclaró: “me mudé a un pueblo chiquito, en el que espero que nunca me pueda encontrar, para ocultarme porque no aguantó más vivir así”.


