Lula advirtió ante el Mercosur que una intervención armada de EE.UU. en Venezuela sería una “catástrofe humanitaria”, mientras Milei muestra su apoyo ante un ataque

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Envalentonado con el avance de la derecha en el continente, Milei fue a la Cumbre del Mercosur a cuestionar al bloque y a celebrar el intervencionismo de los Estados Unidos en Venezuela. Desde Foz de Iguazú, el presidente que busca posicionarse como un líder regional utilizó su participación en la reunión de jefes de Estado para profundizar su ofensiva en contra del bloque regional. En un discurso de fuerte impronta ideológica, cuestionó la razón de ser del Mercosur, reclamó una “reforma integral” que flexibilice los tratados bilaterales de libre comercio, llamó a cerrar de inmediato el acuerdo con la Unión Europea y avaló explícitamente la injerencia de los Estados Unidos sobre Venezuela. En la vereda de enfrente el mandatario brasileño Lula Da Silva advirtió sobre la gravedad de una intervención militar en Venezuela y se ofreció como mediador.

Con la firma del acuerdo Unión Europea-Mercosur pospuesta, la cumbre quedó deslucida y las miradas apuntaron a la fría relación entre los socios más gravitantes del bloque regional.

Con la oficialización del acuerdo postergado hasta enero por la fuerte presión de los agricultores europeos, la 67ª Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur quedó atravesada por el cruce entre Lula da Silva y Javier Milei en torno al intervencionismo estadounidense en Venezuela. No hubo almuerzo de camaradería ni reuniones bilaterales. Sólo una foto de familia delante de las imponentes Cataratas donde se advierte la fragmentación entre los líderes y el debilitamiento del regionalismo en su fase de mayor polarización. Milei sólo tuvo gestos de distensión con su par paraguayo, Santiago Peña. El saludo con Lula Da Silva, una vez más, fue gélido.

“La Argentina saluda la presión de los Estados Unidos para liberar al pueblo venezolano. El tiempo de los acercamientos tímidos se agotó”, dijo Milei e instó al resto del bloque a acompañar esa postura. También reclamó la liberación de “presos políticos” y del argentino Nahuel Gallo, detenido en Venezuela.

La posición de Milei expuso una contradicción geopolítica. Mientras celebró la avanzada de Estados Unidos —socio estratégico del Reino Unido en la OTAN—, reclamó un “apoyo permanente y sólido” del Mercosur a los derechos soberanos de la Argentina sobre las Islas Malvinas.

El discurso que Milei dio ante el resto de los mandatarios rompe con la tradición histórica de la diplomacia argentina, cuyo principio rector fue siempre la autodeterminación de los pueblos y la no intervención en los asuntos internos de otros Estados, pilares consagrados tanto en la Carta de las Naciones Unidas como en el derecho interamericano. Durante su alocución que duró unos diez minutos, Milei calificó al gobierno de Nicolás Maduro como una “dictadura atroz e inhumana” y celebró abiertamente la “presión” de Estados Unidos —y del expresidente Donald Trump— sobre Caracas, alineado sin matices con ese país.

Mercosur bajo ataque

Javier Milei volvió a cuestionar de manera directa el funcionamiento del Mercosur y puso en duda la razón de ser del bloque. Ante sus pares, sostuvo que el proceso de integración “no cumplió ninguno de sus objetivos centrales” y enumeró lo que definió como fallas estructurales: la inexistencia de un mercado común efectivo, la limitada libre circulación de bienes y factores, la ausencia de coordinación macroeconómica y la escasa armonización normativa.

“La realidad no se discute, se mide”, afirmó y señaló que “el comercio intrazona se ubica muy por debajo de sus niveles históricos”. En ese marco, Milei reivindicó la ampliación de las excepciones al arancel externo común impulsada por la Argentina durante su presidencia pro témpore y la presentó como un “primer paso” hacia una mayor apertura comercial. El presidente tiene como objetivo final avanzar hacia los TLC -tratados de libre comercio bilaterales- hoy prohibidos para un Estado miembro del Mercosur. El más buscado por la diplomacia libertaria es con Estados Unidos.

En sentido opuesto a los principios que guiaron a la llamada “oleada rosa” de comienzos de los años 2000, Milei sostuvo que el Mercosur debe abandonar cualquier lógica “monolítica” y habilitar a que cada país avance al ritmo que imponga su propia estrategia de inserción internacional. El planteo supone una impugnación directa al multilateralismo regional y a la negociación en bloque, uno de los pilares sobre los que se construyó el proceso de integración.

Entre sus cuestionamientos, Milei mencionó la negociación con la Unión Europea, que —según sostuvo— lleva décadas sin materializarse por la lentitud del Mercosur. La crítica se inscribe en una matriz más amplia de política exterior que profundiza lo que diversos analistas caracterizaron como un regionalismo post-liberal, un giro iniciado a partir de 2016 con la llegada de Mauricio Macri al gobierno argentino y la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, cuando los socios mayoritarios del bloque reorientaron la integración hacia una agenda de apertura comercial y flexibilización normativa.

Mientras escala la tensión entre Estados Unidos y Venezuela después de que Donald Trump señalara que no podía descartar una guerra contra el régimen de Nicolás Maduro, el presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva advirtió desde la cumbre del Mercosur que se realiza en Foz de Iguazú que «una intervención armada sería una catástrofe humanitaria

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