De aquella noche dolorosa en Nueva Jersey a este jueves aquí, en tierra mendocina, pasaron apenas 67 días. Sin embargo, parecen una eternidad. Es que la Selección Nacional, tal vez la única razón de jactancia y de orgullo que hoy tiene el fútbol argentino, resultó lastimada por ese puñal tan caótico como patético representado por la AFA. El vacío dirigencial y los disparates organizativos, sumados a la nueva final perdida con Chile, conformaron un cóctel explosivo. De repente, lo único que se insinuaba en orden estacionó al borde del colapso por las renuncias del máximo ícono futbolero del planeta y del entrenador. El genio cambió la decisión, pero ahora está bajo el mando de otro técnico. Aunque muchos protagonistas se repitan, empieza otra historia. Esta noche, nada menos que contra Uruguay, a partir de las 20.30, se sabrá hasta qué punto la Selección cicatrizó sus heridas.
Por suerte, Lionel Messi no se fue. El genio está. Sigue. Mantiene la barba de la Copa América en Estados Unidos. Sólo cambió el look matizando su cabello con tono platinado. Pero lo esencial, su amor por la Selección, no se modificó. A pesar de una molestia en el pubis y otra en el aductor izquierdo, viajó y jugará.
Gerardo Martino sí se fue. El Tata no está. Es una pena porque el equipo ya había adquirido consistencia para moverse en diversos escenarios, con una búsqueda ultra ambiciosa o con una postura más calculadora. Había crecido. Había madurado. Ahora bajará línea Edgardo Bauza. Y entusiasma el Patón. Con su mirada equilibrada de este juego desembarca en una formación que justo en el último año incorporó a ese rasgo como virtud. Claro que ahora el flamante entrenador intentará imprimirle su sello.
El tiempo dirá hasta dónde Bauza modela a esta Selección a su manera. A esta noche arribará apenas con dos prácticas. Nada. Sin embargo, despierta tanta curiosidad como expectativa porque algunas innovaciones implementará.
Cambia el esquema: del 4-3-3 al 4-2-3-1, con Di María arrancando desde más atrás y con Messi iniciando desde la derecha. ¿Hasta dónde Leo se moverá flotando entre la derecha y el medio, como imagina Bauza para no dar referencias a sus marcadores?
También se alteran algunos apellidos. Habrá un acto de justicia con Pratto: al fin tiene una chance en un puesto singular que solicitaba un refresco después de los goles fallidos en las finales de un indiscutido como Higuaín.
Será titular por primera vez Dybala, una de las ilusiones de renovación, detrás de Pratto, como segundo 9. Justo aquí se nota el mayor cambio y a la vez se dispara una incógnita. Es que Dybala ingresará por Banega y se desarmará el triángulo de medios que distinguía a Martino. Ever era la pausa, el más claro de todos. Sin él, ¿habrá fluidez en la elaboración? ¿Cómo le llegará la pelota a Messi? ¿Cómo se expandirá el circuito entre la línea de tres zurdos. Messi-Dybala-Di María, y el 9, Pratto? Es un gancho que ofrece el partido. Bauza cree que la circulación no se resentirá. Como dice el Patón, será determinante el lugar donde decida, o pueda, recuperar Argentina, algo que dependerá de la capacidad para reducir espacios entre sus líneas.
En los otros dos cambios, en los laterales, así como se supone mayor calidad en la proyección, con Zabaleta y Mas en lugar de Mercado (afuera por decisión táctica) y Rojo (suspendido), se pierde juego aéreo contra un Uruguay que amenaza con un gol en cada córner o tiro libre. Aparte de este ítem, del tiempo juntos y de la garra histórica, asustan los de Tabárez con esa dupla que encarnan Cavani y el indomable Luis Suárez.
Si Argentina gana podría quedar primera en la carrera hacia Rusia 2018. Un emoticón sonriente en el resultado siempre ayuda. Mucho más cuando no hay espacio para ensayar y, como se hizo mala costumbre en la última década (lo saben Basile, Maradona, Batista, Sabella, Martino), de repente, hay que empezar una historia nueva.
