Jorge Hoff y su esposa, Teresa Pérez, tenían alrededor de 20 años cuando llegaron a La Dársena, departamento Banda, desde la ciudad de Quimilí. El afecto y el buen trato de la gente hicieron que el sentimiento de pertencia a la cumunidad no tardara en sentirse.
Todo ese buen trato había que agradecerlo. Al menos así lo sentía Teresa y Jorge. Les pareció una buena idea hacer una merienda para los niños de algunos vecinos la tarde del Día del Niño. La pasaron tan bien la primera vez que planearon repetirlo el año siguiente, donde hubo unos cuantos niños más. Esto se fue repitiendo cada año, pero cada vez eran más los niños. Este año fueron más de 600 los niños que llegaron al patio de la casa de Doña Tere, acompañados de sus padres para compartir el clásico chocolate con facturas.
Esta fiesta siempre estuvo organizada y armada por la familia Hoff, la cual estaba compuesta por los padres y sus 6 hijos, 5 de ellos mujeres. Hoy ya son todos adultos y cada uno tiene su familia, por ende, hoy por hoy son aproximadamente 25 personas las que trabajan para la realización de este festejo.
Inés, una de las hijas de doña Tere y Don Jorge, contó a Diario Panorama que para que esta fiesta del Día del Niño se lleve a cabo se trabaja todo el año, de diferentes maneras. Como se la realiza sin el aporte aconómico de ninguna institución social ni política, los gastos corres por cuenta de los miembros de la familia, a los que se le suma alguna ayuda de algún vecino, amigo u otros parientes.
“Los juguetes que se entregan ese día los compramos nosotros, con alguna platita que nos pueda quedar, aunque sea poco, pero suma. Los jueguetes los compramos en el negocio La Cueva. Como los dueños saben cuál es el fin de esta compra nos hacen un descuento importantes y además nos donan los juguetes que no están aptos para la venta. Por ejemplo hay juguetes que se rompen y ellos no pueden venderlos entonces nosotros los aceptamos, los arreglamos y los guardamos para dárselos a los chicos. Lo mismo pasa con las donaciones de mucha gente amiga de nosotros; cuando sus hijos dejan de usar ciertos juguetes, nos los regalan a nosotros y aunque estén rotos los aceptamos. Todo, por poco que sea, suma para nosotros”, asegura Inés.
Cada año vienen más chicos, cientos. La mayoría vienen de sectores muy humildes de la ciudad. Los padres nos cuentan que los llevan a nuestra fiesta del Día del Niño en busca de su juguete, porque ese es el único regalo que los chicos tienen en el año. Es por eso que tenemos y queremos cumplir con todos”, relata Inés y agrega, “Es muy difíl hacer esta fiesta, es mucho el trabajo y terminamos muy cansados. Confieso que muchas veces dijimos que este años sería la última vez que la hacemos, pero cuando sabes lo que esto representa para muchos chicos y hasta para su familia inclusive, no puedes bajar los brazos. Entonces, como sea, cada año la hacemos. Sea cómo sea, la hacemos”.
Hace unos años una dura enfermedad sorprendió a don Jorge Hoff provocándole la muerte. Tenía 59 años y nadie esperaba que esto sucediera. El golpe fue duro para toda la familia, sobre todo para doña Tere, quien en algún momento pensó que la fiesta no iba a poder seguir realizándose.
“Mi papi era el que coordinaba todo el trabajo, era el que más andaba en todo junto con mi mami. Y lo más importante, era él quien preparaba el chocolate, que era único. Tenía una manera única de hacerlo. Por suerte, hace unos años él le enseñó esa `receta secreta´ a uno de mis cuñados; entonces es él quien prepara el chocolate desde entonces. Y le sale igual de rico que a mi papi”, relata Inés con la voz un poco quebrada por la carga de emoció, y agregó, “Entonces vemos que hacer estsa fiesta del Día del Niño es como tenerlo vivo a mi papi. Él vivía para esta fiesta, le encantaba hacerla. Entonces, ahora son más los motivos para no dejar de hacerla”.
Somos una familia humilde y sencilla. Si nunca nos faltó para comer fue porque nuestros padres siempre han sido personas muy trabajadoras. Nos han educado con el ejemplo del trabajo y la solidaridad. Siempre nos inculcaron la importancia de compartir las cosas”, recuerda Inés, quien hoy educa a sus hijas de la misma manera. “Lo poco que por ahí no sobraba era para dar. Los juguetes que caían en desuso, la ropa que nos quedaba chica, las zapatillas que se despegaban un poco… todo era para ser arreglado y lo guardábamos para esta fiesta del Día del Niño”.
La fiesta en números
A esta fiesta asisten más de 600 niños, que sumados a los adultos que los acompañan suman un poco más de 1.200 personas. Para todas ellas se preparan alrededor de 400 litros de chocolate y se compran 2 mil facturas grandes, que son cortadas a la mitad para aprovecharlas mejor. Este años se sorteraron dos bicicletas.
El día de la fiesta, alrededor de 25 personas comienzan su trabajo a las 8 de la mañana para preparar todo. Hay que regar y limpiar el patio, acomodar las mesas y sillas, colocar lonas y telas de nylon para refugiar del frío a los niños y organizar el pequeño campeonato de fútbol.
Hace unos años, a modo de reducir gastos en alquiler, la familia Hoff decidió comprar un castillo inflable, el cual se usa sólo una vez al año durante esta fiesta, y un equipo de música con parlantes.