La devaluación de Javier Milei y Toto Caputo: dólar, inflación y elecciones, en la dimensión desconocida

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El Presidente y el ministro de Economía maquillaron el fracaso de su plan con el relajamiento del cepo. El mercado habla este lunes. IPC y paciencia social.

El mandrilaje, extrañado, miraba sin comprender por qué reía Toto Caputo el viernes al anunciar el acuerdo con el FMI e, implícitamente, su impacto sobre el dólar y la inflación. También después, cuando Javier Milei habló de una caída como si fuera un éxito. La realidad: la devaluación y su efecto en precios y votos comenzará a verificarse este lunes.

Hay una devaluación que se concretó primero: la de los diagnósticos, promesas y palabras del Presidente y su ministro de Economía. Un salto cambiario era imposible, el ajuste fiscal y monetario resolvía ese problema y no había pesos suficientes para alimentarlo. Puede fallar.

El timing del anuncio del visto bueno del Directorio del Fondo Monetario Internacional –apurado una vez más en Buenos Aires, nocturno en Washington– resultó expresivo de la angustia del momento, lo que convierte el apoyo en algo más: un rescate de la economía de Milei en crisis aguda.

El Gobierno maquilló las malas nuevas –¿qué endeudamiento con el Fondo supone una buena noticia?– con un título de alto impacto: «El acuerdo nos va a permitir, a partir del lunes, terminar con el cepo cambiario«, dijo Caputo.

Las medias verdades de Toto Caputo

La del ministro fue una media verdad: los controles se relajarán drásticamente, pero no terminarán, porque seguirán vigentes para las utilidades de las empresas, para compras particulares de más de 100 dólares por ventanilla y en el «dólar tarjeta», una zoncera que debería ser revisada por ser fácilmente eludible mediante la compra y débito vía bancos.

Como suele suceder, lo demás, lo que no se dijo, es lo negativo, en especial la palabra maldita que no apareció en ningún dicho oficial: devaluación.

El maquillaje profundo aplicado a la papada del plan de Milei-Caputo se evidencia en todo lo que queda de lado: la tablita cambiaria para bajar una inflación que, en verdad, empezó a rebotar; la reducción de febrero del crawling peg –la actualización del fenecido dólar oficial– del 1%; el blend –80% de liquidación en el mercado controlado y 20% en el paralelo– para inducir a los exportadores a vender lo que venían reteniendo, y un montón de promesas sobre una solidez que no era tal.

El elemento más importante del «nuevo esquema cambiario» es –vaya obviedad– el abandono del viejo, tantas veces señalado en la mandrilesca Quinta Pata de Letra P como productor de atraso de la paridad y de un ancla artificial y nociva para una desinflación que –encima– hace tiempo dejó de responderle.

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