Independiente venció 3 a1 a Libertad y ya está en la final para la Copa Sudamericana

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Estalló el Libertadores de América. Se derritieron los hinchas en las tribunas. Sintieron que el infierno estaba encantador. Se enjuagaron varios la cara sin ocultar la emoción. Independiente es Independiente y no es poco. A los Rojos le hierve la sangre y les explota el pecho. Pero no se trata sólo de creer que es por estar nuevamente en una final internacional después de 7 años. No tiene que ver con sentir que es posible poder quedarse nuevamente con el cetro sudamericano como sucedió en 2010 ante Goias. Los Rojos sienten que están en ese lugar de privilegio con una identidad definida. Y alguno puede pensar que eso de los estilos a esta altura de la historia es un pequeño detalle, pero eso sería desconocer buena parte del asunto. Este equipo exuda sentido de pertenencia y se aferró a una idea de la mano de Ariel Holan, un entrenador que conoce cuál es el ADN de este lado de Avellaneda. Y la victoria ante Libertad por 3-1, en definitiva, no fue más que una confirmación de que hay un grupo convencido de cómo debe expresarse en el campo de juego.

La tensión invadió la cancha desde que comenzó el juego, pero los Rojos se encargaron de dejar en claro que no iban a renunciar a su bandera: poner la pelota a ras de piso. Les costó por momentos, en especial en la segunda etapa, pero lo intentó. Nadie pensó que no era la forma de hacerlo, aún cuando se trataba de una semifinal de la Copa Sudamericana y que debía marcar dos goles para poder acceder a la definición de la competencia. Y allí está el secreto de todo. Es que los jugadores se desarrollan en la cancha con la tranquilidad de saber que eso en lo que creen es lo mismo que sienten desde la tribuna. Y bajo esa idea espera ahora a su rival en la final que saldrá del cruce entre Junior de Barranquilla y Flamengo, que se miden en Colombia por el partido de vuelta este jueves, a las 21.30.

Y la sintonía en este ciclo de Holan está tan ajustada que hasta un alcanzapelotas resultó determinante para abrir el marcador. Porque le dio rápido el balón a Meza para que saque el lateral que le permitió a Bustos entrar solo dentro del área donde fue derribado por Alcaraz. Allí comenzó a escribirse este capítulo de ensueño para Independiente. Ezequiel Barco cambió el penal por gol y el estadio latió furioso.

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