Durante el partido de Eliminatorias entre la Argentina y Brasil, confirmaron quién estará al frente del ciclo que vuelve tras dos años.
En pleno Monumental, Nicolás Occhiato irrumpió en la pantalla y anunció que será el nuevo conductor de La Voz Argentina. Lo hizo mientras el país miraba hacia otro escenario, uno teñido de celeste y blanco, donde la Selección Argentina enfrentaba a Brasil en una noche histórica que terminó 4 a 1. Pero entre goles, gritos y camisetas, otra noticia sacudía el aire televisivo: el heredero del streaming, el rostro emblemático de Luzu TV, se subía a uno de los formatos más populares de la televisión argentina.
La escena fue teatral, como exige el espectáculo. Terminaba el primer tiempo. Las cámaras de Telefe enfocaron a Pablo Giralt y Juan Pablo Varsky en la cabina de transmisión, quienes sostenían entre manos el símbolo máximo del programa de talentos: el botón rojo. “Llega la hora de la verdad. Ansiedad absoluta, señores y señoras”, dijo Giralt. Un botón presionado. Una silla giratoria digital que apareció como espejismo sobre el verde del césped en el Estadio Monumental. Y al darse vuelta,
El conductor apareció pocos segundos después, ataviado con una camiseta suplente retro de la Selección. Azul intensa, de mangas blancas. “¡Pero mirá cómo se vino vestido!”, gritó Pablo, entre risas y sorpresa. Occhiato respondió con su sonrisa habitual, la que lo convirtió en una figura querida entre los jóvenes que consumen contenido en plataformas digitales. Pero esta vez no era una transmisión de Luzu. Era la gran liga.