Estampitas, banderas y la promesa de un ayuno hasta que aparezcan los 44

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Mar del Plata, Luciano Montenegro viste una camiseta azul del seleccionado argentino. A la clásica celeste y blanca la llevan Francisco y Pedro, sus pequeños hijos. «Héroes, los esperamos. Gracias por cuidarnos», escribieron en un cartel que trajeron desde Pinamar. «Viajamos 120 kilómetros solo para traer aliento a las familias y un reconocimiento para estos héroes que serán leyenda», dice el padre de familia mientras cuelga el mensaje junto a cientos de banderas y carteles que multiplican apoyo a los tripulantes del submarino ARA San Juan y, en particular, a sus seres queridos que aquí los siguen esperando.

Es duro este día a día de la vigilia de más de medio centenar de familiares que coinciden cada día en la Base Nava l, donde reciben los partes que transmite el responsable de esta unidad, el contraalmirante Gabriel González. Ayer, por el calor, fue a la sombra de un enorme pino en el patio más cercano.

Pocas novedades determinantes les llegan. Ayer se abrió una ilusión más con el mini submarino estadounidense, ya en marcha hacia el epicentro del área de búsqueda. Marta, hermana del suboficial Celso Vallejos, sale y anticipa que ha iniciado un ayuno que promete sostener hasta que aparezcan todos los tripulantes. «No es una queja sino una expresión de fe, mi sacrificio para que los 44 vuelvan a casa», explica a LA NACION. Entiende que Dios a veces pone una prueba «para ver hasta dónde podemos llegar». Por eso invita a otros familiares y la comunidad en general a que se sumen aunque sea con un día de ayuno para seguir adelante y creer. «Unidos todos, con fe y esperanza, podemos alcanzar el milagro», dice y alienta.

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