En los últimos 15 años, Bolivia disfrutó de un notable crecimiento económico impulsado por la explotación de hidrocarburos, que le permitió gozar de liquidez y estabilidad en el tipo de cambio. Sin embargo, a partir de marzo de 2023, comenzaron a surgir señales alarmantes sobre una inminente crisis económica que, un año y medio después, ha llegado a ser innegable y con pocas perspectivas de solución rápida.
La administración de Evo Morales, que llegó al poder en 2006, marcó un hito con la nacionalización de los hidrocarburos, fortaleciendo las arcas del Estado y fomentando un periodo de estabilidad económica y crecimiento sostenido. Luis Arce Catacora, actual presidente y entonces ministro de Economía, fue considerado el artífice del llamado “milagro económico” que definió a Bolivia durante más de una década. No obstante, el auge de los hidrocarburos no duró para siempre.
La caída en la producción de gas natural, crucial para las finanzas del país, y el aumento del déficit fiscal debido a las costosas subvenciones a los carburantes han mermado la liquidez estatal. Según el analista económico Gonzalo Chávez, el colapso del sector del gas ha reducido drásticamente las rentas del Estado, de 5.489 millones de dólares anuales en 2014 a menos de 1.700 millones actualmente.
A partir de marzo y abril de 2023, la escasez de dólares se hizo evidente, con bancos enfrentando problemas para realizar giros internacionales y un mercado negro que elevó el tipo de cambio oficial. Aunque el Banco Central de Bolivia (BCB) había dejado de publicar información sobre las reservas de divisas, negando cualquier crisis, la falta de dólares fue innegable. En mayo de 2024, el presidente Luis Arce finalmente admitió las dificultades con la disponibilidad de dólares, aunque insistió en que no se trataba de una crisis económica estructural.
El impacto en la vida cotidiana de los bolivianos ha sido severo. La escasez de dólares ha provocado desabastecimiento de combustible, largas filas en estaciones de servicio, protestas del sector transporte, y restricciones en el uso de tarjetas de crédito y débito en el exterior. Además, el retiro de dólares de las cuentas bancarias está limitado a depósitos realizados antes de mediados de 2023, con restricciones adicionales para pagos en el extranjero.
El presidente Arce ha propuesto varias estrategias para enfrentar la crisis, incluyendo la exploración de nuevos campos petroleros, la producción de biodiésel y la apertura al sector privado en esta área. A pesar de la aprobación reciente de un crédito de 223 millones de dólares para infraestructura, la oposición política ha bloqueado otros 11 créditos internacionales, argumentando que el gobierno debe clarificar su gestión de estos fondos.
Mientras tanto, la inflación y la subida de precios afectan a los bolivianos, que enfrentan un aumento en el costo de vida y una economía cada vez más difícil de navegar. En los mercados informales, los precios suben sin regulación, reflejando la incertidumbre y las dificultades económicas que se ciernen sobre el país.
Bolivia, que una vez fue vista como un ejemplo de éxito económico en la región, ahora enfrenta una crisis que desafía las estrategias del gobierno y pone en tela de juicio el futuro económico del país.