Rosario vuelve a ser escenario de una tragedia que ya se repite demasiado. «El suboficial Bruno Escobar, de 25 años, policía en actividad y oriundo de San Joaquín, departamento Garay, se quitó la vida.» Un joven al que sus compañeros definen como “ejemplar, respetuoso, sin maldad y siempre dispuesto a ayudar”.
Su muerte sacude a la fuerza policial y desnuda una realidad brutal que el poder político y la cúpula policial siguen negando:
“estrés permanente, presiones extremas, salarios bajos y un abandono total de la salud mental”.
Mientras se multiplican los discursos sobre seguridad, «los policías se rompen por dentro.» «Trabajan al límite, sin contención psicológica real, sin prevención, sin redes de apoyo.»
El resultado es este: » vidas jóvenes perdidas y familias devastadas.»
La institución expresó condolencias. Pero las condolencias no alcanzan.
El silencio, la indiferencia y la desidia también matan.


