Macri entró en fase crítica ante la posibilidad de que Milei le arrebate su influencia en la Corte y que los libertarios terminen con la hegemonía del PRO en la ciudad de Buenos Aires.
Mauricio Macri y Javier Milei escalaron el conflicto donde no sólo disputan votos, sino también el control de la Corte, el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y, en definitiva, el liderazgo excluyente sobre la derecha argentina. Los escenarios de la disputa confirmaron la existencia del Partido Judicial y expusieron el resquebrajamiento de los equipos mediáticos del macrismo y de los sectores empresarios.
Los tiroteos de baja intensidad comenzaron con los resultados de la primera vuelta electoral. Confiado en la escasez de equipos técnicos en las filas de Milei, Macri forzó a su candidata Patricia Bullrich a expresar su apoyo al libertario y comprometió a varios de sus ex colaboradores para integrar el gabinete. Creyó que de esa manera se apropiaría del gobierno, pero sus ex colaboradores, encabezados por Luis Caputo, Federico Sturzenegger y la ubicua Patricia Bullrich, le hicieron un corte de manga y se sumaron a las filas libertarias.
Los grandes empresarios se arrojaron en su mayoría sobre el nuevo gobierno para tratar de sacar ventaja y olvidaron lealtades previas ya fuera con Macri o las prometidas a Sergio Massa durante la campaña. Todo se cocinó entre las empresas de primera línea. Las pequeñas y medianas se dieron cuenta pronto que serían el pato de la boda.
Tras su primer error de cálculo, Macri presionó con la falta de presencia territorial de los libertarios y su debilidad parlamentaria. Pero la vieja base electoral del PRO no toleró la confrontación con Milei. Macri tuvo que hacer equilibrio en esa cuerda floja, mientras Karina Milei comenzaba la construcción propia. Entonces el expresidente trató de condicionar los respaldos de su bloque parlamentario, pero Milei avanzó cooptando votos de partidos provinciales y de gobernadores peronistas. Como se visibilizó con el caso Kueider, los métodos fueron básicamente de corrupción.
Pareció una respuesta por lo de Kueider.
Casi al mismo tiempo surgieron entonces dos denuncias contra funcionarios del gobierno. Juan Pazo, hombre de confianza de Luis Caputo, fue denunciado por la posesión de propiedades en Miami no declaradas, al igual que su subordinado Andrés Vázquez. Lo patético del caso es que estos funcionarios acusados de evadir impuestos fueron designados frente a la ARCA y a la DGI, respectivamente. Presuntos evasores al frente de los organismos recaudadores.
Las denuncias de podredumbre en el gobierno y en el macrismo estaban en su apogeo cuando la Corte sacó de la manga una seguidilla de decisiones absurdas y mandó a juicio oral y público viejas causas en las que Cristina Kirchner había sido absuelta.
Sobre el pucho sacó otra decisión por la cual declaró inconstitucional a la Constitución de la provincia de Formosa que permite la reelección por tiempo indefinido de los gobernadores. Y la sala 1 de la Cámara Federal, —conocida en Comodoro Py como la sala macrista–, revivió una causa prescripta, por el atentado de Montoneros contra Coordinación Federal en 1976. No puede haber delito de lesa humanidad en esa causa porque el atentado no fue cometido por el Estado.
Fue una jugada doble. Por un lado sacó del centro de la escena la podredumbre de los propios. Y por el otro trató de sacarle al gobierno todo lo que, según sus parámetros, tenía para ofrecerle al peronismo a cambio del recambio en la Corte.
La Corte mandó a juicio oral las causas Hotesur-Los sauces y del Memorándum con Irán en las que ya se había descartado que hubiera algún delito para juzgar. Alguien hizo la justa metáfora de una acusación por asesinato en la que el asesinado aparece vivo, pero el juicio se hace igual. Y la tercera es la causa instruida por los impresentables Claudio Bonadío y Carlos Stornelli, en la que varios testigos denunciaron que fueron extorsionados para que acusaran a Cristina Kirchner y en la cual se comprobó la adulteración de las fotocopias que fueron usadas como prueba.
Y por si quedaba alguna duda, emitió otra resolución para evitar que Milei pueda designar a magistrados en la Corte por decreto, al organizar un sistema de conjueces para su funcionamiento.
Como consecuencia de la pelea principal se produjeron también movimientos en los medios que han estado muy alineados con Clarín y el macrismo, como TN y La Nación+ así como el despido de Marcelo Longobardi de Rivadavia y el pase de numerosos macristas a América 24. Todos ellos estuvieron juntos en su campaña contra el “populismo” y han tratado de compaginar a los dos jefes derechistas, aunque Milei desprecia a los medios tradicionales y exige subordinación hasta la abyección, sin disimulo ni seudoprofesionalismos “objetivos”.
Esta cronología de la pelea de los últimos días puso al descubierto una vasta podredumbre institucional en varios niveles que tendrá que ser subsanada si no se quiere vivir en un simulacro de democracia.


