Con un golazo de Almada, la Selección Argentina le ganó a Uruguay y quedó a un paso del Mundial 2026

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Muy arriba. Adonde ni el mejor gancho de Sergio Rochet hubiera podido llegar. Arriba de todos. De los guantes del arquero lookeado de naranja baliza, de las cabezas de los zagueros uruguayos de metro ochenta y pico.

El tiro de Thiago Almada sobrevoló el cielo montevideano a la velocidad de los satélites de Elon Musk antes de entrar haciendo estallar al sector argentino de la tribuna América. Y de consolidar, con ese triunfo ajustado, a la Selección en el cenit de la tabla. A seis puntos del escolta Ecuador. Y a uno de distancia del Mundial..

El zapatazo del #11 -con la calidad de su ilustre predecesor- motivó el agite del guante de Dibu Martínez celebrando la obra, que estuvo por encima del estándar estético del clásico. Porque el filo del cuchillo rozó las comisuras y se marcó con dientes.

Por eso el “Ar-gen-tina” que tronó una vez superados los 96 minutos. El pogo de Dibu Martínez como coordinador frente a una tropa diezmada por lesiones, con un De Paul preservado saltando abrazado a los nuevos chicos de esta generación que les ofrece lugar a quienes se suman -siempre respetando los rangos.

Una Scaloneta que se creyó lo que era. Lo que es. Un equipo resiliente ante los golpes que la doble fecha le asestó. Lo Celso, Messi, Lautaro, un amago de perder también al #7 de la cábala matera. Un equipo de veintipico en el que son capaces de jugar todos. Y con diferentes modelos.

Porque en el Centenario no hubo dominio total sino estratégico: se esperó a que Uruguay atacara con la pelota para romper con pases aguijón hacia adelante. No siempre claros, con algunos desajustes especialmente en el primer tramo que derivaron en insinuaciones sin tanto vértigo. Pero la búsqueda era que el local pisara la cuerda de la trampa y zácate: romper en velocidad aprovechando a Julián.

Sin embargo, al entender que Uruguay le había tomado la mano a la táctica, afloró la versatilidad. Como Álvarez retrocediendo a zona Messi para dejar callejones para Mac Allister o Almada. O Giuliano rompiendo por banda contraria para desestabilizar. Pero el problema, en cada ataque, era el mismo: Rochet.

Un arquero que llevaba 104 días sin atajar y no sintió la inactividad: mandó con reflejos un tiro/centro de Giuliano, se anticipó con un gancho al ras a una gambeta filosa de Almada y luego mandó al corner un remate de advertencia de Thiago.

Es cierto, por caso, que cuando Valverde intentó desde afuera o cuando De la Cruz tomó la pelota Uruguay -cambio acertado del Loco- entonces Uruguay arrinconó a la Argentina. Pero ahí el espíritu proletario de la Scaloneta propició la contracción táctica colectiva para endurecer el bloque bajo y que, así rebotaran en los pies de Cuti y Otamendi todos los centros que caían dentro del área. Evitando que el golpeado Darwin Núñez, aplaudido en la previa para que se motivara en plena crisis de confianza, reaccionara justo en el clásico.

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