Irene Perpiñal y Eladio «Toto» González abrieron el local de antigüedades en el barrio de Caballito hace 35 años. En 1992 viajaron a La Habana y el contacto con el contexto del “Período Especial” les abrió los ojos. Entre 1993 y 1999, a través de una organización que crearon, «ChauBloqueo», enviaron a la Isla toneladas de alimentos no perecederos, ropa y calzado.
Cuatro palabras bastan para condensar el daño que está causando la política económica de Javier Milei: “Liquidación total por cierre”. Entrar a “Bagatela”, el mercado de pulgas y antigüedades que está sobre la calle Rojas, casi esquina Yerbal, en el barrio de Caballito, es como ingresar a un túnel con tiempos superpuestos. En la “vidriera irrespetuosa”, como diría Discepolín, conviven un libro sobre Malvinas, esculturas de diversos tamaños de San Martín, platos y tazas, varios relojes, un aluvión de juguetes; un desordenado cambalache que huele a madera, metal, papel y porcelana. Hay revistas, fotografías, discos y quedan pocos objetos de lo que fue el Primer Museo Histórico Sudamericano del Comandante Ernesto “Che” Guevara, que funcionó en este local antes de la pandemia.
Irene Perpiñal y Eladio “Toto” González, los dueños de “Bagatela”, tramitan el dolor de tener que cerrar este comercio que abrieron hace casi 35 años y que Irene define como un “negocio-escuela”. En 1992 viajaron a La Habana como turistas por primera vez. El contacto con la realidad cubana, en el contexto del “Período Especial”, les abrió los ojos y desde entonces han vivido bajo el influjo del “shock cubano”. Toto donó sangre a un policía cubano de frontera, Rolando Pérez Quintosa, que fue herido de gravedad en un ataque donde asesinaron a quemarropa a tres compañeros suyos para robar una lancha e irse a EE.UU. El argentino le escribió una carta: “Mi querido Rolando, estoy en el hospital naval junto a tu papá, vine a dar sangre para vos y otros cubanos que la precisen. Soy un argentino turista, me vuelvo esta noche, pero te pido por favor me escribas a la Argentina”. Al final del texto, anotó la dirección de su casa. La carta apareció en la primera página de todos los diarios cubanos; entonces muchos le escribieron agradeciéndole la donación de sangre. Recibió 5.085 cartas de Cuba en las que descubrió un amor tan grande por el Che Guevara, que decidió homenajearlo con un museo.


