ARCA prohíbe traerse una heladera o una smart-TV de Chile, pero sí se podrá volver en auto importado

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Mientras Sturzenegger anuncia desregulaciones para facilitar la importación hormiga, la ex AFIP marcó restricciones a los viajeros que cruzan a traer electro.

El anuncio del ministro de Desregulación y Transformación del Estado de la Nación, Federico Sturzenegger, de que un particular podrá importar sin intermediarios un auto no producido en extrazona del Mercosur (Uruguay, Brasil, Colombia, México), sí será posible de hacer desde Chile, donde muchos argentinos viajan a menudo a comprar electrónica, electrodomésticos, ropa y calzado más baratos.

No pocos del millón de argentinos que desde el año pasado cruzaron la cordillera de paseo y para volver con el baúl lleno de artículos comprados en las tiendas de Santiago y de localidades del sur, como Temuco o Punta Arenas, fantasearon (y no pocos averiguaron) con repetir el viaje, pero en micro y traerse de regreso un 0Km.

Pero suena paradójico que ARCA les prohíba entrar con heladeras, lavarropas o superpantallas de TV y sí que puedan hacerlo (en cuanto se dé forma al anuncio oficial) rodando en autos más voluminosos, que pesan toneladas y que hasta ahora estaban vedados.

En teoría, los números por ahora apenas si justificarían lo que implica volverse en un vehículo comprado en Chile, porque en el país vecino el precio promedio de los autos rondan los US$22 mil, a los que habría que agregar todos los costos de importación.

El segmento más económico

Yendo a la gama más barata de ambos mercados, el de Chile sería el Suzuki Alto GL, citycar de origen indio -que mide de largo solo 3.53 metros y guarda 214 litros en el maletero, por el que habría que pagar en origen el equivalente US$7.678.

De este lado se ubica en la línea de abajo de las listas el Renault Kwid, que orilla los US$ 20 mil.

El cálculo para traer, en este caso, el Suzuki trasandino comenzaría con el precio FOB, es decir, los US$7.678 puesto en la frontera.

A eso se debe sumar un seguro, el arancel de importación del 35%, tasas del 3% e impuestos internos que rondan el 10%, e incluir el IVA del 21%., con lo que se iría a casi US$16.000 netos.

Y luego vendrían los trámites, que son dos principales, para circular por el país: la Licencia de Configuración de Modelo (LCM), que otorga el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), y la Licencia de Configuración Ambiental (LCA), que emite la Subsecretaría de Ambiente de la Nación.

Por ser lenta y costosa, esta gestión sólo la realizan automotrices o importadores oficiales, justamente la intermediación de la que propone prescindir Sturzenegger.

La reforma que anunció consta de un nuevo esquema basado en la figura del Certificado de Seguridad Vehicular (CSV), que reemplazaría a la LCM en el marco de la Ley Nacional de Tránsito.

El CSV buscará unificar criterios y acelerar los tiempos mediante la validación automática de vehículos que cumplan con normas internacionales reconocidas por el Estado argentino.

Habrá que ver como se llevará a cabo en la práctica la importación particular de autos nuevos y usados bajo un régimen simplificado, sin intermediación de concesionarios ni terminales automotrices.

El funcionario simplificó: “Le facilitamos a la gente la importación personal de vehículos. Te querés comprar un auto afuera, estoy hablando nuevo. Antes te pedían una cosa que se llama una licencia. Ahora, hacés una suerte de VTV acá y se acabó la historia”.

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